EL KIWI
Esta enredadera, originaria del Valle del Yangtze en China, se empleaba hace siglos como elemento ornamental, ya que entonces no se conocían sus cualidades nutritivas. Fueron los antiguos Khans orientales quienes descubrieron su delicioso sabor y el kiwi (Actinidia chinensis), entonces conocido como Yangtao, se convirtió en un placer exquisito reservado para estos grandes señores.
Los testimonios sobre el uso del kiwi como planta frutal y ornamental se remontan a la dinastía Ming (1200 a. C.). En esa época el fruto se cosechaba de plantas silvestres y era consumido fresco o conservado. La primera cita del cultivo del kiwi como fruto medicinal se remonta al año 300 a. C. sin embargo, no tuvo difusión fuera de China y no fue sino hasta mediados del siglo XX cuando en Nueva Zelanda se desarrolla comercialmente.
En 1940 comienza a ser distribuido al resto del mundo y es aceptado por excelente sabor y su colorido interior muy atrayente, adecuado para decorar platos y su alto contenido en vitaminas y nutrientes, hacen del kiwi un fruto extraordinario que llega a contener 10 veces más vitamina C que los cítricos, además posee calcio, fósforo, magnesio y hierro, se puede decir que es todo un complejo vitamínico.
Es antioxidante por lo que se le atribuyen propiedades rejuvenecedoras, es cicatrizante, aumenta las defensas y sirve para prevenir infecciones y curarlas. Estimula la memoria, es laxante y ayuda a eliminar los parásitos intestinales, es baja en colesterol y aumenta las defensas en el organismo. Aporta otros nutrientes esenciales para el organismo como fosfato, magnesio y cobre. En la actualidad su cultivo se ha extendido a diferentes países, siendo ya una fruta presente en casi todos mercados.
Como ingrediente en la cocina, el kiwi es la base de muchas deliciosas y refrescantes recetas como las que te vamos a recomendar, como la milhojas de foie, la ensalada de frutas II o solomillo con salsa agridulce de kiwi.